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Terror después de Obama: Déjame salir (Get Out, dir. Jordan Peele, 2017)

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EL nombre de Barack Obama suena varias veces en Déjame salir, el debut en el largometraje como director del cómico Jordan Peele. La elección del primer presidente negro sugirió que en los Estados Unidos se había superado algo y nadie se enorgulleció tanto por ello como los liberales blancos que no se sentían especialmente racistas y que, en realidad, lo que querían era que se diera carta de naturaleza a su tolerancia. Pero votar a un presidente negro no lo es todo, y esta película sugiere que existe de muchas formas y que, por supuesto lo de Obama fue una tapadera. Y por supuesto ahí estaba Trump para recordarnos, por si hacía falta, que las cosas siempre pueden ir hacia atrás y que la tolerancia no es suficiente. Quizá la mejor manera de ver Déjame salir es como una sátira sobre el soterrado racismo de la América de Obama. Mucho mejor que si nos acercamos a ella como película de terror. En realidad ambas aproximaciones comparten un terreno común: tanto la sátira como el terror deben asentarse sobre cierta defensa o prevención frente a lo otro. La sátira lo ridiculiza, lo convierte en algo externo que nos permite una distancia. El terror le da forma y lo toma seriamente, como una amenaza que puede destruirnos. Y en cierto modo ambas vertientes están presentes en este film.

El final de la Era Obama nos ha dado este año varias películas sobre la experiencia negra en los Estados Unidos. Fences, Figuras ocultas, El nacimiento de una nación y la oscarizada Moonlight son intentos de poner una historia encima de la mesa. Déjame salir es, si no la más poética, sí la más original. Es original porque el miedo al racismo se articula desde la perspectiva negra: en ningún momento llegamos a creernos el paraíso liberal que se propone, siempre sabemos que hay mala fe en las actitudes hacia los negros. Por otra parte, son actitudes plausibles, escasamente exageradas.

El talentoso fotógrafo Chris (interpretado por el encantador Daniel Kaluuya a quien algunos recordaréis de la mítica Skins y de un episodio de Black Mirror) va a visitar por primera vez a los padres de su novia (la pija de Girls Allison Williams, un interesante eco) y tentativamente le pregunta si les ha explicado que es negro. Ella dice que qué va, que no importa para nada, que son super super liberales, que a su padre le habría gustado votar a Obama por tercera vez. La película construye su misterio con lentitud, y esto es importante porque en el camino se van diciendo cosas sobre las relaciones entre los negros y la América burguesa blanca, privilegiada y liberal. La frase que lo condensa todo es cuando Chris le cuenta a su amigo que “esta gente parece que nunca ha conocido a un negro que no les haga las faenas”. Y está claro que, más allá del voto que depositan en la urna cada cuatro años, es exactamente lo que esperan. La película se atreve a entrar en un terreno complicado. Se habla de racismo soterrado a partir de la envidia, especialmente la envidia hacia el físico del hombre negro, pero al mismo tiempo es una envidia que conlleva admiración. Spike Lee habría estado encantado. Es en la última media hora cuando las cosas se ponen un poco raras y entramos de lleno en el terror. Seguiré la convención de no hacer spoilers, pero prefiero la idea y la atmósfera al modo en que se convierte en narrativa. No sé si la solución concreta al misterio aporta algo de sustancia que no hayamos visto en la primera parte, y es quizá demasiado breve para crear su propia tensión. Pero lo cierto es que es consistente y no parece forzada. Para mí la mejor manera de ver esta sección es como una pesadilla del protagonista que, realmente juega con nuestras propias actitudes.

Déjame salir nos invita a eso tan interesante del cine que es posicionarnos en una narrativa que nos excluye. Uno tiende a identificarse con el protagonista, pero probablemente sólo los espectadores negros entenderán muchos de sus miedos, muchos de sus gestos, reconociendo en él sus propias experiencias. Mi lugar en esta película es el del blanco liberal. No sé si me ayuda a superar prejuicios, prejuicios que son por supuesto pasivos, pero me ayuda a verme como me ven otros. Y eso es siempre encomiable.

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