Culturas gais, El niño queer

Recuperando experiencia: Oculto Sendero, de Elena Fortún

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Elena Fortún es el pseudónimo literario de Encarnación Aragoneses Urquijo (1885-1952), y fue una de las escritoras más populares del siglo XX: niños y adultos han crecido con las historias de Celia. Lo que se desconocía de ella es su fascinante lucha contra los patrones oficiales del heterosexismo, su camino hacia la aceptación de una identidad lésbica en la primera mitad del siglo XX. En esta novela hasta ahora inédita, Fortún cuenta exactamente esta historia. Una historia que enriquece no sólo nuestra percepción de la escritora, sino de toda una época: la narración se inicia a finales del siglo XIX y nos lleva hasta los años de la Segunda República cuando el divorcio y actitudes más liberales parecían asomar en el horizonte, y a lo largo de la misma encontramos mujeres que plantan cara a modelos tradicionales, mujeres que establecen relaciones lésbicas, grupos de amigas que socializan desde la disidencia sexual y una concepción de esta lucha en términos de “nosotras”.

Uno de los muchos placeres que guarda Oculto sendero, el de la recuperación del pasado. Y puede que el pasado sea un país lejano, pero lo realmente fascinante es lo reconocible que resulta. Desde ese maravilloso inicio centrado en los reparos de una niña hacia un vestido con puntillas, el reconocimiento intuitivo, borroso, de dos lesbianas en un restaurante y la lucha denodada contra las convenciones que le impone su madre, se trata de emociones y reacciones en las que muchos podemos entendernos: se nos recuerda que en términos abstractos, la dinámica entre heterosexismo e identidades queer hubiera sido constante a lo largo del siglo XX, incluso en términos de algunos de sus significantes. La experiencia gay y lésbica sigue siendo una asignatura pendiente. En parte porque ha sido sistemáticamente ocultada o marginalizada, pero en parte porque tendemos a proyectar nuestras concepciones presentes en el pasado y existe la tentación de encontrarnos a nosotros mismos. Lo que Oculto sendero aporta es una trayectoria vívida inmersa en un contexto en que la conceptualización de la disidencia sexual, y de lo lésbico en particular, era precaria, a menudo controlada por la ciencia, con pocas posibilidades de articularse en términos de comunidad. Y sin embargo, a medida que avanza la novela es esto exactamente lo que sucede. Aunque para Fortún el sendero es individual, presenta una constelación de actitudes compartidas: lo que quiere ser un yo no puede negar que en el fondo retrata a un nosotros.

Interesante es también que tantos elementos de la trayectoria de la protagonista, en particular el combate de reminiscencias épicas contra la madre, se asemeje tanto a los clásicos lésbicos de la literatura del siglo XX, desde El pozo de la soledad hasta Rubyfruit Jungle de Rita Mae Brown. Encontramos, como confirmación de la posibilidad de una narrativa identitaria, estados emocionales muy similares: el paso de la intuición a la objetivación, el reconocimiento del deseo en un mundo que no nos permite conceptualizarlo, los vínculos sentimentales y eróticos que acaban en traición, el sentimiento de falta de poder frente al hombre que acaba por convertir las relaciones en algo amargo y sobre todo las dudas sobre lo que uno es y cómo encaja. El sendero hacia el auto-reconocimiento está, ciertamente, ofuscado, y la virtud de la novela es iluminarlo, hacerlo visible poco a poco, desvelándolo en términos de conflicto personal y presiones externas.

La documentada y precisa introducción de la catedrática Nuria Capdevilla Argüelles añade, además de contextos y una comprensión de las dinámicas a las que estaba sometida Fortún, un nivel extratextual que resultará de gran interés: los modos en los que un discurso explícitamente lésbico puede o no circular, las dudas, las matizaciones, los modos en que se es capaz de promocionar a la autora pero tener serias dudas sobre dar voz al lesbianismo y, sobre todo, la intensamente reconfortante y esperanzadora visión de que Fortún no estaba sola, que había una red de amigas, amantes, amadas, compañeras de viaje que, a pesar de sus dudas y pudores, empiezan a arrojar luz sobre los círculos intelectuales anteriores a la Guerra Civil. El que este manuscrito haya visto la luz constituye una historia tan fascinante como la que se cuenta en la novela. Un gran trabajo que nos permite ver nuestra historia literaria y emocional de manera distinta y que producirá cierto sentimiento del triunfo que significa que los armarios vayan disolviéndose.

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