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Cuestiones de caracterización: un saloncito gay de los años cuarenta

Observad con atención esta imagen. Pertenece a una película de los cuarenta. En la película no aparece nadie que sea explícitamente gay, pero ¿no os hace sospechar el orden del saloncito, que pertenece a un caballero soltero? Esas lámparas. Aquella colección de tacitas. Las elegantes cortinas al fondo. El reborde de los cojines en el sofá. Y aquella silla de jardín. Además, el plano es de punto de vista: el protagonista de la cinta mira esto con cierto repelús. Sí, para él hay algo indudablemente rarito en el propietario de tan primorosa habitación. Un hombre de verdad no tiene esa exhibición de porcelanas y cacharritos. Faltaría más.

¿A qué película pertenece? ¿Quién es el propietario?
En esta segunda foto tenemos al protagonista, Dana Andrews, mirando con desconfianza la colección de máscaras del propietario de la casa. ¿Qué tipo de hombre, parece preguntarse, se dedica a coleccionar este tipo de cosas?
Y finalmente, frente a la bestia. Esta es la cara que se le pone a Dana Andrews, heterosexual de pura raza, cuando se encuentra frente a frente con Waldo Lydecker. “Ya me lo temía yo”

El objetivo de todo esto era ilustrar cómo en algunas películas de los cuarenta se connota perversión sexual en el villano a través de aspectos marginales de caracterización (el mobiliario y la reacción de “nuestro héroe”) aunque tal perversión no tenga nada que ver con la trama. No deja de ser curioso….

Postdata. Para completar un poco el comentario: sobre esta escena, Paul Loen comenta que el gesto de Dana Andrews constituye un guiño al lector que sugiere que Waldo “la tiene pequeña”. No es, probablemente, el tipo de comentario que haya que tomarse como muy en serio. Pero pensé que tenía gracia. Y la verdad es que a partir de ahora no voy a ver otra cosa.

Y por cierto, Laura, homófoba o no (que sí lo es) es una obra maestra del cine negro. Tenía que decirlo.

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11 thoughts on “Cuestiones de caracterización: un saloncito gay de los años cuarenta”

  1. A mi me gustó mas el libro. La peli me desilusionó un poco. En la novela(De Vera Caspary) Waldo Lydecker sí que era gay. Y (creo recordar, quizás lo esté idealizando un poco) era un personaje bastante simpático y muy complejo. No como en la peli. La primera parte del libro está narrada por él (La segunda por el detective y la tercera por Laura).De todas maneras, creo que le voy a dar una segunda oportunidad a la película. La vi hace mucho…PD: Es verdad, José, llamándose Dana, uno no le puede reprochar que esté un poco a la defensiva 😉

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