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A vueltas con los armarios (Reflexiones surgidas a partir de Open Secret, de David Ehrenstein)


Las fotos son de gente “en el armario” (no necesariamente por voluntad propia) y hay que darle al ratón para abrirlo ver quiénes son… 🙂

Una frase del libro de David Ehrenstein Open Secret, que me parece muy provocadora, y ha de ser punto de partida de cualquier discusión sobre Hollywood y el armario:

“El armario en Hollywood no es tanto un mecanismo de auto-protección (para los homosexuales) como un sistema sustentado por la prensa para mantener en su lugar las convenciones mayoritarias sobre sexualidad”.

Es un argumento estimulante que yo creo que puede aplicarse en general al modo en que el armario actúa en los últimos años. Me encontraba preparando un texto sobre el “nuevo armario” para Zero, y un poco por casualidad volví al libro de Ehrenstein (que leí hace unos años y me interesó poco), encontrando reflexiones realmente interesantes.

Ehrenstein, un periodista, se refiere en su libro a toda una serie de polémicas en torno a Rock Hudson y James Dean, así como sus manifestaciones modernas con Ellen, Jodie Foster y Tom Cruise. Sus ejemplos nos resultan curiosamente familiares y siempre es fácil buscarles correlatos en cosas que pasan ahora ante nuestros ojos. Tanto cuando habla de los esfuerzos por convertir a Cary Grant en “heterosexual” como en los intentos por parte de los expertos por hacer de James Dean un “bisexual”, como si fuera un “mal menor” (hay gente que desea a (o se acuesta con) hombres y mujeres, pero carecen de identidad cultural fija: uno es homo o hetero. Puede ser las dos cosas, pero sigue siendo homo). O las reacciones de espectadores airados que “se negaban a saber los detalles de la vida privada de Ellen DeGeneres”. O de la mujer que apareció en el programa de Oprah declarando que “ella no iba por ahí exhibiendo su orientación sexual” (quizá porque su orientación sexual se asume como normal por defecto, señora).

¿Qué importancia tiene esto? Pues al menos dos vertientes. La primera es puramente histórica. Libros sobre iconos culturales como Grant se basan en una información falsa, quieren perpetuar un sueño que nunca fue realidad. Los intentos de ofuscación dificultan y deforman la posibilidad de llegar a la verdad. Mientras haya gente que de buena fe quiera “respetar” la privacidad de Grant, se seguirá escribiendo mucho sobre él que será falso. El historiador, homo o hetero, tendría que estar escandalizado, por motivos éticos y profesionales, ante los intentos de negar una parte de lo que sucedió. Pero la verdad es que pocos historiadores (casi ninguno hetero, pero el número de historiadores homosexuales interesados en buscar en nuestra historia en España es también curiosamente reducido). La segunda vertiente es política, pero no atañe exclusivamente a gays y lesbianas, sino que debería ser apropiada por cualquier progresista en nuestra cultura: si asumimos explícitamente que ser homosexual no tiene nada de malo, deberíamos fomentar una cultura en la que este rasgo circule de manera natural, sin escándalos pero sin secretismos. Y, al menos de momento, deberíamos fomentar una cultura en que los homosexuales tuvieran referentes positivos.

Pongo la situación en contexto. Hace casi diez años de todos aquellos debates sobre el “outing” (el libro de Ehrenstein es consecuencia de estos debates). Entonces, la conclusión más o menos unánime en este país nuestro era que, bueno, lo de salir del armario o no era al fin y al cabo una decisión personal y no se podía forzar a nadie. Se asumía que sacar a uno del armario a la fuerza era poco ético, porque podía afectar a su familia y su vida profesional. No digo que haya cambiado de opinión, pero las cosas han cambiado mucho en diez años y me pregunto si no sería el momento de volver a plantear el debate ahora con una comunidad gay más madura y con una situación social más favorable. Después de todo, si de algo podemos servir quienes escribimos sobre estas cuestiones es para plantear estas cosas.

En los debates sobre el outing, me parece importante destacar que la homosexualidad no es el peor rasgo que se le puede atribuir a nadie. Tampoco tendría que ser dañino en una sociedad que, se nos dice machaconamente, es tolerante. Si no lo es, probablemente habrá que hacer algo al respecto: después de todo ya no nos meten en la cárcel por ser gays y tenemos todo el derecho a buscar amparo en la ley ante cualquier tropelía. Y a pesar de todo revelar la homosexualidad sigue siendo mucho más problemático que revelar cualquier otra adscripción cultural de un individuo. Y de verdad me pregunto por qué. Ehrenstein cuenta cómo en Estados Unidos se pueden dar todo tipo de datos sobre una persona (nacionalidad, raza, religión) pero su identidad sexual sigue requiriendo autorización explícita.

Lo que sucede últimamente es que uno tropieza con armarios que ni siquiera sabe que existen. El armario ha dejado de tener sentido cultural profundo y parece cuestión de capricho. Muchos famosos están parcialmente en el armario. Lo cual está muy bien (parcialmente). Pero luego no lo están realmente porque uno los ve en situaciones en que asume que son gays. Sólo que uno realmente no puede “asumir” estas cosas. Es un juego de ofuscación que cada vez resulta menos gracioso y que sólo contribuye a reforzar la idea de que la homosexualidad es un secreto.

La propuesta es que quizá deberíamos dejar de considerar el armario como el centro de la identidad homosexual, quizá deberíamos comportarnos como si no existiera. Si sabemos que alguien es gay y viene a cuento deberíamos ser capaces de saltarnos el problema del armario y comportarnos con naturalidad. No estamos revelando nada “privado”. Al menos nada más privado que ser fan de Juan Pablo II o pertenecer a las juventudes del PP, cosas en mi opinión más problemáticas que pueden difundirse sin tapujos.

Vuelvo a la frase de Ehrenstein: el armario es parte de una conspiración para silenciar e invisibilizar a los homosexuales. Se promete al armarizado tranquilidad, pero en realidad se le obliga a vivir en la mala fe. El armario resulta opresivo para los homosexuales, no liberador. Es verdad que en general la gente tiene derecho a estar dentro o fuera del armario si les place. Pero no perdamos de vista la prioridad: hay que hacer todo lo posible para que el armario pierda centralidad, y tenemos que perderle el respeto como institución que convierte la homosexualidad en una especie de secreto a voces.

No sé realmente si la gente tiene “derecho” a armarizarse a voluntad. Es algo que requiere debate. Pero sospecho que hacer hincapié en el derecho al armario es algo parecido (salvando todas las distancias) a basar el debate sobre violencia de género en el derecho que las mujeres tienen a no denunciar a sus maltratadores para evitar ulteriores complicaciones. Por descontado las mujeres tienen ese derecho. Pero el derecho que hay que fomentar es el de hablar, el de hacer la cuestión pública: la prioridad tiene que ser, y esto no se conseguirá, como sabemos, con el silencio, acabar para siempre con la violencia de género. O el armario

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2 thoughts on “A vueltas con los armarios (Reflexiones surgidas a partir de Open Secret, de David Ehrenstein)”

  1. No entiendo nada de cine gay, aunque consumo ese supuesto género.
    Me interesa el armario corporativo porque trabajo en temas de diversidad en la empresa. Comparto todas tus reflexiones sobre el “outing”,el silencio, y el supuesto “derecho” a no existir. Todas tienen su correlato en el mundo de la empresa. Espero que veamos cambios positivos hacia la visibilidad en los próximos años.

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  2. Gracias por tu comentario. Cierto, es momento de volver a hacer ruido con este asunto. No digo que haya que dedicarse al outing de manera compulsiva, pero algo de ruido no vendría mal. Para mí, la cuestión homosexual no progresará hasta que el concepto de armario no deje de ser admitido con tanta facilidad. Por supuesto hay una pescadilla que se muerde la cola: el armario produce una situación de “anormalidad” y el miedo a la “anormalidad” hace que la gente recurra al armario. Pero de alguna manera hay que romper el círculo vicioso, digo yo.

    (no, no creo que el cine gay sea un género: un género es una cosa más concreta. En mi trabajo prefiero hablar de cómo los gays ven cine, y eso incluye muchas más cosas, aunque hace que el concepto sea menos rígido)

    Un saludo

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