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Archivos de la Filmoteca. Número especial sobre La mirada Homosexual


La revista Archivos de la Filmoteca acaba de sacar un número monográfico sobre La mirada homosexual, que he compilado yo. He recogido una serie de artículos clave y hay otras contribuciones nuevas a cargo de especialistas en el tema. El volumen es precioso y está profusamente ilustrado.

Encontraréis aquí referencias fundamentales para los temas que vamos tratando en este blog. El artículo de Thomas Waugh hace una arqueología de la representación del homosexual intelectual. El de Richard Dyer habla de los homosexuales en el cine negro. Junto con el mío, sobre la inestabilidad en la representación de la homosexualidad, constituyen un tríptico sobre la tematización de la homosexualidad en forma de personajes.

La segunda sección habla de las coincidencias entre autoría y representaición de la experiencia homosexual. Incluye un estupendo artículo sobre la vanguardia de Juan Antonio Suárez, uno sobre los debates en torno a Nuits Fauves, de Mark Nash y una fascinante reflexión de Paul Julian Smith sobre la relación entre experiencia homosexual y creación al hilo de La mala educación y Lejos del cielo.

Una tercera sección aborda cuestiones que tienen que ver con la apropiación de los espectadores. Se abre con una recopilación de textos de Terenci Moix que han funcionado como inspiración para este proyecto: cómo el cine y la vida quedan enganchados de manera indisoluble para un espectador homosexual. A continuación un artículo clave de Jack Babuscio sobre el concepto de camp. Como ilustración de dicha idea, Chris Perriam, catedrático en la Universidad de Manchester, reflexiona sobre el que quizá sea el icono principal para los gays españoles: Sara Montiel. Finalmente, un artículo de uno de los mejores especialistas en cine de los años setenta, Robin Wood, que constituye toda una declaración de principios: “Las responsabilidades del crítico de cine gay”.

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9 thoughts on “Archivos de la Filmoteca. Número especial sobre La mirada Homosexual”

  1. Sara Montiel nunca ha sido, ni será, un icono para mí. Y te aseguro que soy gay. Lo que prueba que… nada de nada, pero es posible que haya tantas perspectivas sobre cine gay como espectadores gays.

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  2. ¿Cómo defines “icono gay”?Un problema en muchos debates (no sólo en torno a la cultura gay) es que partimos de conceptos bastante borrosos que cada uno acabamos por definir de una manera. Al hablar de Montiel como icono gay en realidad utilizo una delimitación puramente estadística: hay muchos gays de la época que así lo consideraban. Por otra parte, no creo que sea el único modo de establecer la cuestión. Con una definición distinta, efectivamente Montiel quedaría excluida. En cualquier caso ¿qué entiendes por “icono gay”?

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  3. Pues yo diría que un icono gay es una “máscara” (en el sentido griego, es decir, tanto una persona como un personaje) gay que puede ser tomada como modelo (ojo, no necesariamente positivo). Así, para mí un icono gay es Maurice, el protagonista de la novela homónima de Forster.

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  4. Claro, así Sara Montiel no es icono gay ni de lejos.Bueno, lo que interesa es cómo lo interpreta la gente, porque sí me he encontrado en los cuestionarios que la cuestión se entiende de manera distinta.El concepto de partida que yo tenía en la cabeza no era tanto el de personaje o el de gay como el de una referencia que tienen los gays. Así, la definición no se basa en una cualidad intrínseca del icono en cuestión (aunque supongo que puede haberla) sino en el hecho de que tantos gays lo hayan elegido como modelo. Suelo utilizar la perspectiva del espectador. Si Sara Montiel es un icono, no se debe a que haya una conexión entre ella y el espectador gay ni que haya hecho nada por lo que tengamos que estarle agradecidos, sino porque resulta que muchos espectadores gays se han referido a ella, le han seguido la carrera, la adoran, la imitan. Desde ese punto de vista mi trabajo sería identificar por qué Sara Montiel y no otro cualquiera. Chris Perriam hace esto muy bien en el artículo.Por supuesto lo que tú dices tiene más enjundia, pero habría que optar por establecer un juicio de valor, una ética de la representación. Creo que hablas más de “modelos”. Tú propones Maurice. ¿Es Dirk Bogarde en Víctima un “héroe” gay? Para muchos nada de eso, porque en último término defiende la “discreción”. ¿Y el Arnold Beckoff de La trilogía de Nueva York? Para unos sí, para otros sería el tipo de referencia que “da mala imagen de los homosexuales” porque es travesti y con tendencias melodramáticas. Es un tema interesante, pero es otro tema y al analizarlo tenemos que ir por otros derroteros. Por supuesto es un trabajo que creo que hay que hacer. ¿Es Almodóvar un icono/modelo o lo es Amenábar? ¿Lo son quienes dan muestras de serenidad, o los que dan una imagen radical? ¿Hay una ética gay que se distinga de, simple y llanamente, ética? Ya digo, esto requeriría varios posts y al final nos quedaríamos con la diversidad de opiniones.Una buena propuesta, me ha dado que pensar.Un saludoAlberto

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  5. Yo creo que Ibn sina tiene un concepto de icono gay muy particular. Coincido más con Alberto en que un icono no es un ejemplo sino un personaje que produce atracción, normalmente rodeado de cierto misterio, inaccesibilidad, glamour, divinidad y, si ha sufrido, mejor. Y estas cosas se ven desde una perspectiva temporal: los iconos permanecen. Es normal que Sara Montiel no le diga nada a alguien menor de 40 años (y estoy tirando por lo bajo) en este país, pero no se le puede negar su influencia en el mundo gay hispano. Y no me refiero sólo a que la imiten, sino a que ejerce una fascinación difícil de explicar. No sé si me explico, no soy escritor, seguro que hay mil ensayos que explican por qué Barbra, Judy Garland o Maria Callas son iconos gays imperecederos. Peor vamos, tú encuéntrate con un tío al que le encante la Montiel. El veredicto es impepinable: ¡es maricón! También hay que tener en cuenta que hoy las cosas van muchísimo más deprisa, que el bombardeo comercial de divos/as sobre los jóvenes es tremendo y que los viejos iconos van siendo sustituidos por otros más modernos, sobre todo en el mundo de la canción. Algunos se mantienen (Alaska, Madonna, talluditas ya) y otros nacen prefabricados dirigidos especialmente al público gay (Roser, la Naranjus). ¿Cuál permanecerá? ¿Cuál será estrella total que cante, actúe y salga divina-de-la-muerte en las películas? Joder, perdonad el rollo, me he pasado 🙂

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  6. Ya veo por dónde vais… pero yo a los personajes que pueblan la imaginería gay no los llamo ‘iconos’ (Sara Montiel, Maria Callas, etc…). Tampoco sé muy bien como llamarlos, por que no soy yo muy imaginero, al menos no por esos derroteros. Quizá ‘ídolos’ o ‘fantasmas’ o ‘motivos’ a secas. Motivos gays? Uhmmm… interesante reflexión. ¿Será cuestión de terminología?

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  7. Pues quizá, pero en cualquier caso se trata de delimitar el concepto… sólo para descubrir que es escurridizo.Parte del problema personalmente (algo recurrente en este blog) es mi cultura anglosajona. Pero no sólo eso: en realidad lo que sucede es que los únicos que han reflexionado sobre estas cosas son los anglosajones. Igual a Pasaelmocho le sucede lo mismo. El caso es que la palabra “icono” se emplea allí así. Aquí no sé cómo se llama algo similar: es decir, un “referente” (¿te convence más esa traducción?) de la cultura gay. Vuelvo a un tema algo manido a estas alturas: aquí, EN GENERAL, y con gente de más de cincuenta años, no se cree que haya una cultura gay en el sentido que sí se da en el mundo anglosajón, como construcción de sistema de complicidades, a veces para la defensa, a veces para el placer. Esto es uno de los resultados que me da leerme los cuestionarios, y no deja de sorprenderme. Porque DESDE MI PERSPECTIVA no creo que pueda negarse que desde antes de los ochenta un porcentaje sustancial de gays se han agrupado en torno a ciertas referencias. Cuando leo cosas veo que existen estos temas recurrentes en la cultura gay y que suelen ser internacionales. Algunas explícitamente eróticas (lo helénico, los motoristas, cosas así). Otras no (o al menos no para nosotros): Marilyn, Sara, Judy. Al tratar este último aspecto encuentro bastante reticencia. Conclusión: sé que hay algo ahí, pero no estoy comunicando lo que quiero decir. También es obvio que ser gay no hace que entres necesariamente en este tipo de línea cultural, o en ninguna línea cultural. Igual que a mí la tradición helénica siempre me ha aburrido un poco. Esto de ver pasar adolescentes no es nada lo mío (aunque no voy a negar que ha alimentado las libidos de varias generaciones de maricas). De igual manera entiendo que tiene que haber muchísimos gays a quien ver a mujeres en estados emocionales fuertes o comportándose como parodias del género les trae sin cuidado.Pero, y vuelvo a ti, Ibn Sina, lo llamemos como lo llamemos, supongo que por lo menos estamos de acuerdo en que hay una tradición cultural gay (entre muchas) que se basa en cierto modelo de divas de la pantalla.Así, igual tendría que renunciar al término “iconos” y dividir la cuestión en “modelos” y “referentes”, dos conceptos que se parecen en que parten de una subcultura pero difieren en que uno asume un elemento ético y el otro es éticamente neutro.

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  8. Bueno, yo también tengo una base cultural anglosajona, fundamentalmente (soy filólogo inglés). Pero me resisto a usar ‘iconos’ con ese sentido, no sé a qué se deberá… Por otra parte, sí, estamos de acuerdo en que hay una cierta tradición cultural gay que se basa en ciertos modelos de divas de la pantalla. Me gusta lo de dividir el anglosajón ‘icons’ en ‘modelos’ y ‘referentes’.

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