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Personajes gays (III): Periodización. Hasta los años ochenta

Buena parte del material sobre cine gay se ha basado en la representación, y por lo tanto en los personajes homosexuales. Los libros de Parker Tyler, el clásico de Vito Russo, el de Hadleigh (el único traducido al castellano) y el reciente de Barrios (a mi juicio el mejor de ellos) toman la evolución del personaje homosexual como punto de partida para estructurar la narrativa. Lo que sigue es simplemente un resumen de sus argumentaciones, lo cuelgo como orientación básica y por si podéis sugerir más ejemplos, contraejemplos o una situación diferente en España (en la bibliografía se periodiza sobre todo la cultura estadounidense). He incluído en el resumen alguna pregunta que yo me hago y que cuestionaría la linealidad de esta propuesta.

Así, encontramos tres periodos:

Un periodo de invisibilidad, roto sólo por la presencia de personajes muy secundarios: por ejemplo un sastre en la película de la Warner El enemigo público es claramente gay. El libro de Richard Barrios es especialmente interesante a este respecto. Habla de cómo ciertos personajes interpretados por secundarios (Franklin Pangborn y Edward Everett Horton son los más comentados en todas las fuentes) se “leían” como gays (hay un ejemplo de esto en Celluloid Closet). Me gustaría encontrar equivalentes en el cine español.

En Estados Unidos se refuerza el sistema de censura en 1934. Curiosamente esto sucede porque es la propia industria la que decide autoregularse, supuestamente con el fin de evitar las imposiciones externas. A mí este argumento siempre me ha parecido algo perverso. La homosexualidad está en la lista de cosas que no podían aparecer en pantalla bajo ningún concepto. De nuevo ignoro la situación exacta en Europa, aunque es fácil imaginar que el tema también estaba prohibido, por distinto que fuera el sistema. Evidentemente la Alemania de Hitler lo habría prohibido, la Inglaterra puritana tenía una censura ya fuerte, con lo que no fue necesario introducir cambios. Y aquí entre la Iglesia y el Franquismo se aseguraron de que nada pudiera leerse como gay. Todos los autores coinciden en cómo el periodo de “silencio absoluto” que se extiende hasta inicios de la época de los sesenta hace uso de maneras rebuscadas para sugerir homosexualidad. En general cuando se hace así es para connotar a un personaje negativamente: el ama de llaves de Rebeca, Peter Lorre en El halcón maltés. Aun en estos casos, todo depende de interpretación. La pregunta concreta sería algo así como: en vuestra memoria de espectadores ¿leíais al ama de llaves de Rebeca (por ejemplo) como “lesbiana”? Por supuesto me refiero a antes de leer el trabajo de Russo y otros. No sé. En cualquier caso el cine negro constituye un terreno fértil para estas apariciones fantasma (y por eso he utilizado imágenes de Gilda y Laura para ilustrar este post. La tercera imagen es del personaje de Gaston en Camille, de Cukor). Sobre esto ha escrito un fascinante artículo Richard Dyer, que he traducido para mi antología de textos sobre cine gay de próxima publicación.

En el resto del mundo, la situación no era mejor. Curiosamente, la primera película española en que se podría estar hablando de “un homosexual” es Diferente, de principios de los sesenta (algo tan oculto en su momento que pasó desapercibido al censor y al escaso público que fue a verla). En cuanto a países teóricamente más avanzados como Francia, también encontramos que lesbianas y gays sólo surgen con cuentagotas a principios de los sesenta. El lesbianismo original de las protagonistas de Las diabólicas, de Clouzot, tuvo que velarse en la adaptación cinematográfica. Victim, la primera película británica que habla del tema sin tapujos es de 1962.


Así, parece que 1961-1962 es una “frontera natural” en esta narrativa de imágenes de los homosexuales. Ahora puede aparecer la homosexualidad. Incluso puede tematizarse. Pero las reglas en muchos casos son estrictas. Básicamente cuanta más centralidad tiene el personaje gay en la película, más desgraciado es. Russo, medio en broma medio en serio, acababa su historia con una necrológica. Es la década de La calumnia, A Taste of Honey, Tempestad sobre Washington, El sargento, Reflejos en un ojo dorado, La escalera, La zorra. No es de extrañar que con la llegada de Stonewall el debate se centrara en la necesidad de imágenes positivas. La negatividad es lo que caracteriza todas estas visiones de la homosexualidad (aunque aquí conviene recalcar una de las ideas recurrentes en este blog: todo, incluso las imágenes aparentemente más negativas, es apropiable).


Así Stonewall en los EEUU y el mayo del 68 en Europa constituyen otra de esas fronteras naturales. Aunque la idea de tolerancia no estaba ausente de algunas películas de los sesenta (por ejemplo A Taste of Honey), ahora empieza a reforzarse. Importante es que empiecen a realizarse películas comerciales “desde” la cultura gay. En Europa la homosexualidad aparece con connotaciones políticas. A veces caracteriza al fascismo. Otras caracteriza la resistencia de la izquierda (Una jornada particular). Pero la influencia liberadora del 68 se deja ver sobre todo en la extraordinaria Satiricón, de Fellini, y en las películas de Pasolini de los setenta. En España tenemos un momento de gloria a finales de los setenta, con películas como A un dios desconocido (que se vio como un intento culto de normalización), Un hombre llamado Flor de Otoño (que tiene fans tan insignes como Richard Dyer) y El diputado (que me parece mejor de lo que entiendo por vuestros comentarios). En el cine americano no vemos gran cosa de interés hasta entrados los ochenta. Hay destellos, como Rocky Horror Picture Show, pero el cine que mejor representa tramos de la subcultura gay está armarizado (Que no pare la música). Un director gay como Randal Kleiser hace Grease. De hecho hay muchos directores gays en la época con éxitos comerciales en su haber: Colin Higgins, Paul Bogart, Robert Moore. En cuanto a las lesbianas son prácticamente invisibles hasta 1985 y uno agradece incluso una reelaboración de la lesbiana como vampiro en El ansia o la trama lésbica frustrada de Personal Best.

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8 thoughts on “Personajes gays (III): Periodización. Hasta los años ochenta”

  1. La presencia masiva y explícita de los homosexuales en el cine griego se data más o menos de los finales de los ´50. Se trata de personajes secundarios en las comedias populares en los tradicionales papeles de estilistas, peluqueros etc. Aunque se satiriza de manera despiadadamente homófoba su pluma, como falta de hombría, algo muy penoso para los espectadores homosexuales de entonces, es verdad que se describen con muchos otros aspectos positivos en su carácter (ternura, amabilidad, solidadridad, compasión, humor, alegría, perspicacia etc), algunas veces en contrapunto a aspectos negativos de algunos protagonistas hetero. Supongo que así se lleva al cine y se reproduce una tradición proveniente de las revistas teatrales griegas, muy al modo de las comedias de Aristophanes. Lo condenable, lo reprochable era el amaneramiento, o, mejor dicho, el exceso de pluma, por lo demás había una cierta tolerancia. Aún así, tienes razón, a través de esas imagenes en diferentes grados negativas podemos leer nuestra presencia en la pantalla y rastrear las pistas de nuestra existencia en el cine (y la sociedad). Tenemos que estudiarlas sin prejuicios, debemos apropiarlas.

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  2. Estupendo el texto sobre la Danvers. ¿Veis el subtexto lésbico de Rebecca espontáneamente o sólo cuando os lo explican (como me sucedió a mi: lo que pasa es que me lo explicaron hace mucho tiempo y ahora no recuerdo cómo la veía antes de que me lo explicaran)? Supongo que el momento definitorio es cuando la Danvers mira la lencería de Rebecca.En cuanto a lo que cuenta ReyCorazón, gracias por el dato. Es el tipo de cosas que viene muy bien. ¿Qué quieres decir con “masiva”? En España no me suena que se produjera un fenómeno similar: parece que la idea era que los homosexuales no debían verse para nada, era un tipo de papel que nadie quería hacer, un tipo de personaje que a nadie le apetecía escribir, era meterse en un berenjenal. En este país se asumía que si uno menciona demasiado la homosexualidad sin connotaciones brutalmente negativas era posible que lo fuera, y claro esto desequilibraba cualquier narrativa. En lo de este tipo de personaje, hay dos escuelas (esto lo saco de la película Celluloid Closet): quienes prefieren que aparezcan imágenes aunque sean como las que describes (y después de todo mencionas que narrativamente tenían una función positiva) y quienes prefieren que no haya nada antes que ver siempre este tipo de imágenes. Yo tiendo a preferir visibilidad a invisibilidad. No sé: ¿os sentís incómodos bombardeados continuamente con el estereotipo? En cuanto a la apropiación, sí, yo creo que podemos hacerlo, pero no sé si tiene efectividad política: para la mayoría de la población un maricón será siempre un maricón, algo negativo, nos lo apropiemos o no. Es un asunto complicadísimo. La semana próxima colgaré una propuesta sobre “imágenes positivas”, que es un tema complicado sobre el que no tengo las ideas demasiado claras.GraciasAlberto

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  3. Claro que tiene efectividad política, principalmente para nosotros mismos. Porque así podemos reconstruir un pasado histórico continuo. Muchas veces, como sabes, por periodos enteros tenemos sólo esas imagenes esterotipadas y negativas, pero que son las únicas que presuponen la existencia de homosexuales, que de otra manera serían absolutamente invisibles, si no se considerarían inexistentes. Además, ¿no te parece que tenemos que distinguir entre comedias y dramas? En las primeras podemos adivinar o buscar más aspectos positivos, aunque algunas veces ocultos, codificados e inesperados, que en los segundos y así aprovecahar al máximo la posibilidad de una re-lectura dentro de un marco diferentePor ejemplo, en las ya mencionadas comedias populares del cine griego, algunas muy taquilleras en su época, podemos ver que los homosexuales ejercían a través de un humor corrosivo, maricón una función de crítica social desde posiciones un poco “raras”, fuera de la lógica y práctica establecida de los “bienpensantes”, algo como los locos del teatro isabelino. ¿No te parece que una lectura de este tipo alivia o cambia la negatividad que tradicionalmente atribuimos a esas imagenes?

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  4. Hmm, como digo es un debate que podemos desarrollar en el post sobre “imágenes positivas” que tengo preparado. Lo colgaré el lunes o el martes, porque no quiero ir demasiado deprisa y el de los personajes sigue abierto.Por otra parte no puedo resistir la tentación de responder a las cuestiones que planteas. Primero decir que es un tema complejo y que no se puede resolver simplemente desde una posición teórica o política. Lo que intento en mi proyecto es buscar respuestas apoyándome en reacciones de espectadores reales. Sé que no será suficiente. Pero al menos nos dará algunas pistas. Por ejemplo, yo no me sentí ofendido cuando vi A la caza en 1981, y no me hizo pensarme lo de ser homosexual. Ya sé que se considera una película homófoba, pero ¿para quién? Con esto quiero decir que estoy de acuerdo con lo que comentas sobre la apropiación, y por lo tanto en desacuerdo con la crítica gay de los años setenta y ochenta.Con todo mi razonamiento tiene un lado histórico: en aquellos momentos, la condena a Cruising tenía un sentido. Ahora, no sé. Apropiación: de nuevo, todo lo que he escrito en los últimos cinco o seis años apoya exactamente, al pie de la letra lo que propones. Pero trato de matizar y ver las cosas de otro modo. Insisto: imagínate que ahora, otra vez, de repente, cada serie, cada película, cada obra de teatro y cada novela que representase la homosexualidad lo hiciese según tres o cuatro estereotipos. Todos reductores. A mí me podría parecer muy bien. No me importa la pluma, me divierten los personajes gays que son ingeniosos, a los que no les gusta la violencia, no creo que haya que promocionar al supermacho violento. En todo esto estoy de acuerdo con lo que dices. Pero, ¿cómo influyen estos estereotipos en la sociedad general? Esto es lo que me preocupa. Imagínate al niño hetero que siempre que ve mariquitas son ridículos, cuando tenga diecisiete años y empiece a ver mariquitas de verdad, su sistema de referencias estará perfectamente creado y puede que le sea difícil escapar. En parte tu argumento me parece muy sofisticado y quizá ignora el hecho de que el espectador medio puede no ser tan sofisticado. La función del loco en el teatro isabelino se lee como crítica desde una perspectiva de “alta cultura”. No sé si el espectador medio veía una crítica social profunda. Y en cualquier caso era un periodo distinto, en que la estructura del carnaval (un mundo de sátira que alternaba efímeramente con un mundo condicionado por el poder) predominaba. Ahora… no sé. Hay demasiada homofobia fuera del cine como para que unas representaciones ambiguas en el cine sean argumentos políticos contundentes. Con todo, creo que es un tema a estudiar.Cierto también que no es lo mismo un drama que una comedia. Pero de nuevo la idea de la sofisticación me produce interferencias: el maldito espectador medio no discrimina tanto como podemos hacerlo nosotros, espectadores educados y concienciados. Y me atrevería a decir que un porcentaje amplio de espectadores gays no son educados ni concienciados (definitivamente no lo eran a finales de los cincuenta), con lo que pueden dejarse afectar por estas imágenes de modo más pasivo. (de nuevo se trata de un tema que estoy indagando a través de cuestionarios: no creo que pueda llegarse a una solución sin preguntar a mucha gente)Como digo, es una cuestión que me parece compleja. Creo en la apropiación. Pero también creo que la representación ha de articularse según cierta ética. O ciertas normas de equilibrio.

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  5. Si hablamos de la lectura predominante y los efectos que tenía en su época, estoy absolutamente de acuerdo contigo.Pero si hablamos de re-lectura actual y apropiación, de verdad me parecen muy interesantes los casos aquellos donde a pesar de la negatividad obvia de la imágen hay un reconocimiento implícito de “otredad”, que en un segundo nivel podría suponer una relación mucho más abierta en posibilidades lectoras. Es como con las representaciones de los extraterrestres en el cine. Casi siempre son raros, ridículos, asexuados, pero no necesariamente por malos o pérfidos. Esto a mí me parece como una ambigüedad con posibilidad positiva. ¿A ti no?

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  6. Sí, claro, pero creo que el único problema en tu razonamiento es asumir que el espectador medio pensará como tú. Los adolescentes heteros soportan mal la visibilidad homo. Y cualquier excusa estimula su homofobia. Personalmente, teóricamente, estoy de acuerdo contigo. Sociológicamente no sé. Habría que hacer más trabajo.

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  7. Respecto a Rebeca, doy fe de que los espectadores de la época se daban cuenta perfectamente del presunto lesbianismo de la Sra. Danvers. Mi madre así me lo comentaba abiertamente. Tampoco hace falta ser un lince, sólo basta con leer un poco entre líneas. Por otra parte, las escenas en que la ama de llaves peina en el tocador a la actual Sra. de Winter son tb bastante sugerentes. Mi madre tb solía comentar que en Gilda los personajes del Sr. Ballin y Johnny Farrell “se entendían entre ellos”, según expresión muy de la época. Lo cual quiere decir que sí se daban cuenta de esas cosas por medio de detalles aparentemente inofensivos (en este caso a cuenta de las llaves de un piso y una mirada especialmente reveladora entre ellos) pero cargadas de doble intención. En otros casos más intrincados, yo creo que en aquella época la gente no estaba tan familiarizada con el tema como para identificar las subtramas gays, a menos que fueran tan obvias como las citadas.

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